el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 20 de enero de 2018

VAMPIROS: SABLE NOIR

Como quien no quiere la cosa, casi en secreto, el sello OK Books (con sede en Uruguay y olor a multinacional) publicó en 2015 los dos tomos de Vampiros: Sable Noir, una antología originalmente surgida en 2009 en la editorial francesa Dupuis. Esto se distribuyó en Argentina, pero no recuerdo haberlo visto nunca ni en comiquerías ni en librerías. Básicamente, cada uno de los dos tomos ofrece tres historias autoconclusivas, de 24 páginas cada una. Y vamos a ver qué tal están.
La primera es decididamente floja. El guión de Denis-Pierre Filippi es remanido y su único giro mínimamente interesante llega cuando faltan seis páginas para el final. Al dibujo de Patrick Laumond le falta fuerza, le falta originalidad, le falta filo. Lo mejor que tiene aparece cuando llegan las secuencias sin texto, en las que el protagonista se mueve en silencio, pero tampoco hay que esperar gran cosa.
La segunda tiene unos dibujos magníficos, a cargo de Tommy Redolfi, un artista francés a quien no conocía y del que me acabo de hacer fan. Con influencias de Chabouté, McKean y Proudhomme, una narrativa infernal y un manejo del color fascinante, Redolfi se pone al hombro un guión confuso. Pareciera que Sylvain Ricard trabajó un montón en darle forma a una idea copada y después trabajó un montón más en buscar el modo de contarla “raro”, para que nada de lo que pasa se termine de entender.
En la tercera historia, Denis-Pierre Filippi levanta bastante la puntería. Encuentra un recurso que lleva al límite y que le permite darle onda y emoción a una trama a priori muy hablada, muy pensada, con poco margen para mostrar acción. Lo complementa en los dibujos el ídolo yanki Steve Lieber, sobrio, sin descollar, pero muy compenetrado en sacar adelante el jueguito narrativo que inventa el guionista.
El Vol.2 arranca con la cuarta historia, una buena idea de Alcante que se podría haber contado en 16 páginas en vez de 24, pero igual se disfruta, porque está bien contada y porque un tal Matteo (una especie de versión más moderna de Rosinski o de Solano López) la rompe en los dibujos.
La quinta historia es la más zarpada, la que nos propone sumergirnos en el submundo del alcohol, las drogas y el sexo salvaje, para explorar el costado más seductor del mito vampírico. El guión está a cargo del siempre efectivo Philippe Thirault y el dibujo, en las solventes manos del catalán Guillem March. Acá todavía no aparece el mejor March, que para mi gusto es el que arranca en 2011 (o por ahí) cuando desembarca en DC, pero es un muy buen trabajo, con un lucimiento realmente notable en el coloreado.
Y la sexta y última historia tiene dos guionistas (uno de ellos es el gran Jean-Paul Krassinsky) pero es tan chota que no se puede leer. El dibujante (Michel Durand) no es malo: es una especie de R.M. Guéra que labura a desgano porque tiene que meter 11 ó 12 viñetas por página y encima después viene un colorista a tratar de opacarlo. Pero el guión es un desastre, no lo salva ni esa orgía que dura cuatro páginas.
La verdad que el tema de los vampiros da para bastante más de lo que ofrece esta antología, sobre todo cuando tenés la posibilidad de convocar a autores talentosos de Francia, España, Italia y EEUU. Ah, y al genio británico Dave McKean para que ilustre la imagen que sirve de portada para ambos tomos.
Volvemos pronto con nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.

jueves, 18 de enero de 2018

JUEVES TRANQUI

Mientras estalla cada 15 minutos un bolonki nuevo, yo sigo leyendo y reseñando comics, como si fuera el verano más tranqui de mi vida.
Hace no mucho, el 24/11/17, me tocó comentar el Vol.1 de la serie de She-Hulk escrita por Charles Soule, y ahora voy por el segundo y último tomo. El Vol.1 estaba bueno, el Vol.2 es prácticamente una joya. Los guiones son mejores, los conflictos son mejores, los diálogos son mejores y la resolución al plot que venía colgado del Vol.1 (el famoso Blue File) es buenísima. Soule se da todos los gustos, incluso el de presentarnos tres episodios en los que prácticamente no hay violencia. Es la trilogía del juicio a Steve Rogers, claramente el punto más alto de la etapa de Soule (que en la vida real también es abogado) al frente de esta serie. A lo largo de todo el tomo, el guionista desarrolla la química entre She-Hulk y Hellcat, pero además en esta trilogía se integran perfectamente al elenco Steve Rogers y Matt Murdock, dos personajes cuya dinámica con Jennifer y entre sí funciona como si Soule los hubiese escrito todos los meses durante 20 años.
Por si faltara algo, en este tomo hay un sólo dibujante y es Javier Pulido, un virtuoso del dibujo y sobre todo del armado de las secuencias, del manejo del tiempo narrativo. Pulido sabe cuándo romper todo y salir a buscar decididamente el impacto, pero también sabe cómo engancharte en las escenas en las que sólo vemos gente conversando. Mezquina poco los fondos, se mata en los flashbacks a los ´40 y los ´80, es en buena parte responsible de que los momentos de comedia que propone el guión lleguen a buen puerto, y además encuentra un complemento ideal en los colores de Muntsa Vicente. Creo que aunque no te interese en lo más mínimo She-Hulk, si te gustan los buenos dibujantes vas a ser muy feliz con este trabajo de Pulido, a quien me gustaría volver a ver en un proyecto que lo tenga como autor integral.
En 2017, el investigador y guionista Julián Oubiña Castro se probó también la pilcha de editor y produjo una antología de 200 páginas titulada Hora Tres. La misma combina historietas con textos muy interesantes acerca de la historia de la historieta argentina (extensos, sesudos, siempre necesarios), algunos co-escritos por Oubiña Castro y Ricardo De Luca, y uno muy largo escrito por el maestro José Muñoz, en el que toca un montón de temas, repasa toda su carrera y hace que lo admiremos aún más.
Pero vamos a las historietas: La primera es una obra del ya fallecido Luis García Durán, con un argumento muy remanido y un dibujo… no berreta, pero sí por debajo de las posibilidades del maestro. Trampa Cósmica, del legendario Alfredo Grassi y Ernesto Melo, tiene una cantidad de texto que la hace ilegible y que le resta lucimiento a los esfuerzos de Melo por dibujar parecido al Moebius de mediados de los ´70. Roberto Barreiro y Edu Molina aportan una historia que se hace larga porque la idea daba para mucho menos que las 10 páginas que ocupa. Por suerte el dibujo es magnífico. García Durán reaparece con una historia mil veces mejor dibujada que la primera del tomo, más corta y más original. Al Servicio de la Impunidad, de un tal N.N., es interesante a nivel plástico, pero catastrófica a nivel narrativo. Otros dos maestros de la línea clásica, Jorge Morhain y Juan Dalfiume, aportan un unitario bélico impactante y conmovedor, que atrasa un poquito (se nota que es de los ´70) pero todavía pega fuerte. Y una de las luminarias del panorama argentino actual, Renzo Podestá, se manda 22 páginas de una historieta totalmente adictiva (lejos lo mejor de la antología), que funciona como presentación de personajes a los que ojalá volvamos a ver muy pronto.
Y dejo para el último párrafo las cinco (!) historietas escritas por el propio Oubiña Castro. Mobiüs Crux es un pastiche insostenible, pobre remedo de las buenas historias de espada y brujería de los ´70 y ´80, muy lastrada por un dibujante que puso todo pero no le alcanzó. El Revés de la Trama, con dibujos de Hernán Castellano, se choca con sus propias pretensiones y con un dibujo que tampoco está a la altura de lo que pide el guión. La breve El Otro Espejo, en colaboración con Laura Gulino (dibujante emblemática de la revista Intervalo de los ´80) es una historieta sin conflicto, muy bien resuelta, que aprovecha plenamente el período histórico en el que está ambientada. Y también junto a Hernán Castellano, hay otras dos historietas interesantes: el western Los Actos de Codicia (buen guión, con algunos problemas en el armado de las secuencias que entorpecen un poco el flujo del relato) y la breve Ubi Sunt, algo así como una historieta romántica sumamente efectiva, y en la que más se luce el dibujo de Castellano. Claramente, el día que se mande una historieta larga en ese estilo y conservando ese nivel de calidad en figuras y fondos, Castellano está destinado a convertirse en una figura de primera línea, capaz incluso de romperla a nivel global.
Y hasta acá llegamos hoy. Volvemos pronto, obviamente, con más reseñas.

lunes, 15 de enero de 2018

LECTURAS DE VERANO

Sigo leyendo a buen ritmo y esta vez reincido con una dupla a la que visitamos allá por el 10/05/13: el inmenso Víctor Santos como guionista y el sólido Pere Pérez, hoy absorbido por el voraz mainstream yanki, como dibujante. Pero por suerte Ragnarok data de 2012, cuando todavía era posible que estos autores produjeran obras de calidad con el mercado español como principal destinatario.
La historia de Ragnarok es ampliamente conocida por cualquiera que sepa algo de mitología nórdica. Lo que hace Santos es, básicamente, convertir aquel relato mitológico en un comic de 56 páginas, con algunos cambios menores pero interesantes, como el de convertir a Fenris en un licántropo, en lugar de un lobo gigante. Los personajes son, obviamente, los dioses asgardianos y sus tradicionales enemigos, enfrentados en un combate a todo o nada, en el que está en juego el destino de los nueve reinos.
Por supuesto la idea de Santos es no hacer las concesiones que suelen hacer los guionistas de los comics de Thor. Acá los textos son duros, a veces extensos, escritos en un castellano clásico, casi arcaico, y cuando los hechos que narra la historia así lo requieren, se repliegan a las márgenes para dejar paso a las imágenes. El nivel de violencia también supera ampliamente al del típico comic de superhéroes. Estos personajes míticos no tienen ningún drama en decapitarse entre ellos, arrancarse la piel, morfarse unos a otros, mutilarse… Un vale todo sumamente sangriento, complementado por otros elementos infrencuentes en los comics de “buenos contra malos” como son las orgías y las violaciones. Más allá del impacto, de las atrocidades y de la fidelidad al material clásico, Santos logra que su epopeya nos involucre y nos conmueva, e incluso que hinchemos por los Aesir, cuando es obvio que sin la chispa de Loke (no “Loki”) nada de esto sucedería y no habría epopeya para narrar.
Pérez ofrece unas páginas magníficas, generosas en detalles, con un blanco y negro potente, muy bien complementado por los grises que le agrega Marc Pérez. Por momentos parece un Carlos Pacheco un poco menos plástico, menos suelto en la anatomía y las expresiones faciales, pero mucho más jugado a la hora de la puesta en página y la planificación de las secuencias. Si te gusta la machaca a niveles mitológicos, no dejes de entrarle al Ragnarok de Santos y Pérez.
En las antípodas de la epopeya se encuentra Lo Salvaje, esta recopilación de anti-aventuras escritas y dibujadas por el notable Pablo Vigo. Como en las historias de Adrian Tomine, acá nos encontramos con tramas bastante elaboradas, que tienen la particularidad de terminar en lugares imprevistos, mucho antes de que se resuelva el conflicto, mucho después, o incluso sin siquiera llegar a explicitar cuál es el conflicto. Vigo se nutre de miserias, bizareadas o boludeces de la vida real, pero no se queda en el costumbrismo. Sus historias logran darle una vuelta de tuerca novedosa, a veces bastante perturbadora, a la vida cotidiana de chicos y chicas, casi todos con algún mambo psicológico complicado.
La vuelta al perro para que haga caca, los mensajitos de texto, la conversación futbolera en el ascensor con gente apenas conocida, el bullying en el colegio, el garche con la novia, el paseo con los sobrinos… todo se puede convertir en una situación espesa, retorcida, tensa, al filo de la sordidez, si la miramos desde la óptica de Vigo. Lo mejor que tienen estas anti-aventuras son el trabajo en los diálogos y la voz en off, recursos con los que Vigo nos mete en la cabeza de personajes que expresan poco con las caras, fieles a los preceptos gráficos de Tomine, Chris Ware o el Daniel Clowes de los últimos años. Con esos tres referentes (más alguna cosita de Beto Hernández en Encuentro Cercano, que parece estar dibujada años antes que las otras hsitorietas) tenemos el armazón visual y narrativo sobre el cual Vigo construye una identidad gráfica propia, muy funcional a las historias que cuenta y a la que le sienta muy bien tanto el color sin restricciones de Salto o Carnaval, como el color hiper-acotado de Mateo.
Lo más raro de todo es que Lo Salvaje sea el primer libro de Pablo Vigo que se edita en Argentina, ya que se trata de un autor con unos cuantos años de trayectoria, que cosechó fans a lo pavote a fuerza de originalidad, talento y una destreza técnica apabullante, infrecuente en los historietistas de todas las generaciones y de todos los países. Si todavía no lo tenés en tu mapa de artistas a seguir, no dejes de darle una posibilidad.
Volvemos pronto con nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.

jueves, 11 de enero de 2018

OTRA NOCHE DE CALOR

Sigue la ola de calor en Buenos Aires (lo ilógico sería que tuviéramos esta temperatura en Julio, no?) y yo sigo acá, al pie del cañón, con nuevos libros para reseñar.
El Vol.1 de Jupiter´s Circle retoma a varios de los personajes “viejos” de Jupiter´s Legacy (ver reseña del 09/03/17), pero nos lleva 40 ó 45 años al pasado, cuando Sheldon, Walter y el resto de los superhéroes todavía son jóvenes y están en su mejor momento a nivel popularidad. Es una especie de Silver Age en la que este mundo imaginado por Mark Millar vive un idilio con sus superhéroes, considerados celebridades e idolatrados como si fueran los Beatles.
Acá el siempre astuto Millar hace un pase de magia digno de Astro City y, en vez de centrar los conflictos en las luchas de estos héroes con villanos, alienígenas o catástrofes naturales, pone el foco en la vida privada, más precisamente en la vida sentimental de los impolutos integrantes de The Union. Los dos primeros episodios están centrados en Blue Bolt, un héroe al que diversos factores le complican blanquear su homosexualidad. En los dos siguientes, nos metemos en la intimidad de The Flare, un casi cuarentón, casado y con hijos, que se enamora de una chica de 19 años sin superpoderes. Y para el final, un triángulo amoroso que enfrentará a Skyfox con Brainwave, o en realidad con Walter Sampson, cuando la novia del primero lo deja para casarse con el segundo.
A esta altura, Millar ya es un especialista en buscarle a los superhéroes vueltas que los otros guionistas no encontraron o no supieron explotar, y esta obra no es la excepción. Con unos diálogos maravillosos y un equilibrio exquisito entre drama y comedia, el escocés nos ofrece toda otra mirada, le agrega toda otra dimensión al clásico grupo de héroes de la Silver Age en el que todos son copados, intachables y confían plenamente el uno en el otro. Si no te hiciste fóbico a las capas y los antifaces, no tengo dudas de que te va a atrapar.
El dibujo se lo reparten Wilfredo Torres y Davide Gianfelice, dos muchachos de comprobada solidez, ambos jugando a encontrar la dosis justa de homenaje a Mike Sekowsky o Carmine Infantino, como para que se note la referencia retro, pero sin espantar a los lectores jóvenes, que descubrieron a los superhéroes en este siglo. Ni bien vea barato el Vol.2, lo capturo.
Me voy a la jungla de Chiapas, en México, de la mano de uno de los libros más raros editados en Argentina en 2017. En las 110 páginas de Subcoman-
dante Marcos, Ian De Biase se propone convertir en historietas fragmentos de discursos, cartas y comunicados atribuídos al líder (o por lo menos a la “cara visible”) del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, un personaje cautivante, que no sabemos si existió en la realidad, o si fue una construcción colectiva del EZLN.
El dibujo de De Biase es hermoso, y capta a la pefección la belleza de los paisajes en los que transcurren estas no-historias. Ahí está lo raro del proyecto: la mayoría de los textos no cuentan historias, sino que son mensajes a los pueblos sojuzgados, bajadas de línea adornadas con una prosa increíble, con un nivel de elaboración y un vuelo poético impensado para lo que habitualmente nos muestran los medios cuando aparece en escena una organización guerrillera del Tercer Mundo. Y claro, por más florida y sofisticada que sea la prosa, siempre está la dificultad de fragmentarla para convertirla en bloques de texto, y de elegir imágenes que las acompañen, y de armar con eso viñetas que se ensamblen entre sí para componer una página de historieta.
De Biase se mete en un berenjenal importante al elegir textos no narrativos, y sobre todo al decidir que no va a ilustrar simplemente estos textos, sino que los va a convertir en historietas. Y se la banca bastante bien, la lectura no se hace densa ni farragosa. El mejor momento llega cerca del final, con la aparición de Don Durito, en cuatro páginas donde por fin los diálogos reemplazan a los bloques de texto y De Biase puede encarar una narrativa más típica de comic, sin dejar de hablar de los ideales revolucionarios del EZLN. Y el último segmento, esa historieta de 29 páginas en las que el Subcomandante Marcos anuncia el fin de sus apariciones públicas y pone en duda su propia existencia, es también memorable por la calidad de los dibujos de De Biase y porque es el texto menos “inspiracional”, menos chamuyero, más explícito, en el que más claro queda por qué y contra quién se sublevó este ejército.
Si sos fan de estos tipos que un día decidieron hacerse soldados para que ya no sean necesarios los soldados, y te conmueve el mensaje de dignidad, de lucha, de confrontación a todo o nada contra la miseria, la deshumanización y el sometimiento que nos propone todos los días la derecha neoliberal, ponete el pasamontañas y unite a Ian De Biase en esto que más que una novela gráfica es un canto de esperanza, de rebeldía, de amor por los semejantes.
La seguimos pronto, ni bien tenga un par de libros más leídos. ¡Hasta entonces!

martes, 9 de enero de 2018

NOCHE DE MARTES

Otra noche calentita, de esas que invitan a echarse como una morsa abajo del ventilador de techo y no hacer un carajo… Pero bueno, quiero avanzar con las reseñas, así que acá vamos.
Allá por 1993 se editó en España el álbum Firmado: Mister Foo, segunda entrega de la serie Las Memorias de Amorós. En las hsitorias que componen Las Memorias de Amorós, el maestro Felipe Hernández Cava (quizás el mejor guionista de comics que nos dio España en el Siglo XX) combina el clásico thriller detectivesco con una faceta testimonial, en la que se anima a contar historias reales y dolorosas vinculadas a distintas tragedias socio-políticas que vivió la Madre Patria en el siglo pasado. El protagonista es Angel Amorós, un periodista ya anciano, que narra sus memorias y revive algunos de los casos más impactantes que le tocó cubrir o investigar. Y en este tomo en particular, una pesquisa periodística vinculada a un crimen ocurrido en Madrid en los años ´20 termina por enredar a Amorós en una trama política que tiene que ver con Filipinas y más precisamente con el proceso de descolonización de esta isla, que durante siglos perteneciera a la corona española.
Es una clásica trama de misterio, con pistas que van llevando al protagonista a meterse con gente cada vez más pesada, con una femme fatale argentina que agrega ambigüedad al asunto, y con una decisión bastante extrema por parte de Hernández Cava, que consiste en no revelar nunca la identidad de Mister Foo. Por distintos motivos, Amorós se convence de que hay que dejar la investigación en un punto y no indagar mucho más. Y de ahí, la historia pega un salto a la Guerra Civil Española, a un epílogo en el que el guionista le da una vuelta de tuerca brillante al personaje secundario más atractivo que tenía el libro.
No nombré todavía al dibujante, que es un genio poco difundido de este lado del Atlántico: Federico del Barrio, un autor que arrancó su carrera con una impronta sumamente experimental y en este trabajo, ya más maduro, parece una versión más moderna, más “edgy” de Alfonso Font o Leopoldo Sánchez. Del Barrio maneja a la perfección la documentación histórica, la composición de las viñetas y una inagotable variedad de recursos para transmitir todo tipo de sensaciones y crear todo tipo climas con blanco, negro y grises. Excelente trabajo de este talentosísimo historietista madrileño, que tiene varias obras en dupla con Hernández Cava, una más maravillosa que la otra.
Saltamos a Argentina, 2017, para leer La Fuente de las Cagadas, una nueva novela gráfica de El Waibe que, al igual que Defecaciones Humanas (ver reseña del 19/08/16), está protagonizada por un tipo con cabeza de culo, capaz de producir ingentes cantidades de mierda. Esta vez tenemos un relato más clásico, menos bizarro que Defecaciones…, obviamente con un elemento totalmente distorsivo, que es este “cabeza de culo”, nada menos. El Waibe convierte a este personaje en un escultor que vive en una ciudad europea del Siglo XIV, en pleno auge de la peste negra, una pandemia que mató aproximadamente a un tercio de los europeos que vivieron entre 1346 y 1361.
La trama avanza a un ritmo raro: por momentos acelera, por momentos se ralentiza intencionalmente, en algún pasaje amaga con colgarse en una historia romántica, o con irse para el lado del apocalipsis zombie, o con enredarse en una diatriba acerca del arte, la fuerza creativa y la sensibilidad del artista. Pero avanza, llega a buen puerto, aprovecha a pleno el contexto histórico y si tiene un punto flojo, quizás sea la decisión del autor (por lo menos polémica, no sé si desacertada) de hacer hablar a estos hombres y mujeres de la Europa medieval con términos que usamos los porteños del Siglo XXI.
La narrativa es increíble, y sí, El Waibe se pone las pilas para dibujar una ciudad del medioevo. En ese estilo que oscila entre la sobrecarga enfermiza de rayitas y ese trazo hiper-suelto al filo del mamarracho, el autor encuentra un registro gráfico sumamente efectivo para lo que nos quiere narrar, en el que se ven algunas cositas del Joann Sfar más zarpado, o más apurado.
La Fuente de las Cagadas no es un comic pensado para gustarle a todo el mundo, obviamente, pero no le faltan méritos para seducir a buena parte de los lectores abiertos a descubrir nuevos autores, nuevas estéticas y nuevas formas de contar buenas historias.
Volvemos pronto con más reseñas. Gracias y hasta entonces.

sábado, 6 de enero de 2018

RESEÑAS DE SABADO POR LA NOCHE

Hermosa noche para salir a atorrantear por ahí, y mañana pinta un gran día para levantarse tarde y no hacer una goma. Así que antes de salir, les dejo unas reseñitas…
Mal y tarde retomo la lectura de American Vampire con el Vol.6 (el Vol.5 lo vimos un lejano 28/07/15), un tomo raro porque recopila los dos one-shots que salieron en 2013, durante el tiempito en que la serie regular estaba en hiato. El primero, The Long Road to Hell, está a cargo del equipo titular de American Vampire: el guionista Scott Snyder y el dibujante Rafael Albuquerque. Es una novela gráfica breve de 56 páginas, bastante aislada de la trama central de American Vampire. Tiene un inmenso punto a favor, y es que no aparece el nefasto Skinner Sweet, y dos en contra: primero, está groseramente estirada. Era una historia que se podía contar tranquilamente en 32 páginas, siendo generosos. Y segundo, si nunca leíste American Vampire, la aparición en escena de Travis Kidd te va a dejar medio en bolas, porque Snyder no explica quién es y qué hace, a pesar de que su rol en la trama del one-shot es importantísimo. Al igual que el arco argumental en el que sí nos explicaron quién era Travis Kidd, The Long Road… está ambientada a fines de los ´50, un período de la historia yanki que a mí me encanta, y que Snyder domina con gran categoría. El dibujo de Albuquerque es formidable, como siempre, y hace que la estirada brutal del argumento se disfrute más de lo que se padece.
Para el segundo tramo del TPB tenemos la American Vampire Anthology, con una sucesión de historias cortas en las que Snyder casi no figura y les “presta los chiches” a varios autores de gran nivel. La seguidilla de historias cortas arranca muy arriba, con una de Jason Aaron y Declan Shalvey muy bien narrada. Albuquerque debuta como guionista en la segunda historia corta, dibujada nada menos que por el legendario artista italiano Ivo Milazzo. No es un guión perfecto, pero la magia del maestro Milazzo lo levanta muchísimo. Jeff Lemire y Ray Fawkes están a cargo de una historia muy violenta y con personajes que hubiese estado bueno seguir desarrollando en algún otro lado. Becky Cloonan cede a la tentación de tener a Skinner Sweet como protagonista de su historia, que es un toquecito obvia pero está muy bien. La de Francesco Francavilla (ni hace falta decirlo) está dibujada como los dioses, pero es bastante genérica, podría haber aparecido en cualquier antología de terror. Algo parecido pasa con la de Fábio Moon y Gabriel Bá, que además es muy linda. La de Greg Rucka y John Paul Leon también me gustó bastante, y la más zarpada a nivel guión es la de Gail Simone (dibujada por la gran Tula Lotay), que retoma a un personaje del… segundo arco de la serie y le pega una vuelta de tuerca truculenta y jodida como enema de chimichurri. Excelente balance para esta antología, y ya veremos cuándo retomo American Vampire, con la que creo que es la saga final de la serie.
Me vengo a Argentina, donde en 2017 se editó Cómo Yo Gané la Guerra, otra breve novela gráfica en la que el notable humorista gráfico cordobés Pepe Angonoa se disfraza de guionista para narrarnos en primera persona algunas de las anécdotas que le tocó vivir en 1982, cuando fue soldado en la Guerra de Malvinas. Básicamente, esta es una versión light de Tortas Fritas de Polenta, donde el relato de Angonoa no se centra en lo mal que la pasaron nuestros soldados en las islas, si bien hace bastante hincapié en el hambre, el frío y las injusticias que tuvieron que soportar.
Con esa materia prima chota y depresiva, Angonoa se juega a construir una crónica de la guerra basada en situaciones de comedia, con resultados más raros que buenos. Cómo Yo Gané la Guerra funciona como lado B de Tortas Fritas…, o como comic relief después de leer alguna otra historieta testimonial dura y desgarradora. Así solita, como obra individual, resulta muy extraña, porque desaprovecha lo más interesante que tiene Malvinas, que es todo esa faceta trágica y épica al mismo tiempo.
El dibujo está a cargo de Javier Solar, que se curó de aquel vicio que consistía en copiar descaradamente dibujos de Carlos Meglia y Humberto Ramos. Acá se lo ve a Solar enrolado en la línea clara de Marcinelle, con fuertes influencias de André Franquin, Pierre Seron y en menor medida Morris y Maurice Tillieux, con algunos rasgos incluso más caricaturescos, más cercanos a lo que hace Angonoa cuando dibuja sus chistes, y con una sóla viñeta alevosamente afanada, en este caso al maestro Carlos Giménez. El dibujo -muy acorde al tono de comedia que propone el guión- adolesce además de una alarmante escacez de fondos (aún teniendo en cuenta que muchas escenas transcurren en un páramo donde no había qué mierda poner en los fondos) y de un tratamiento del color muy rudimentario, resuelto con muy pocas ganas.
Y por hoy, nada más. Sigamos disfrutando un verano con mucho sol y muchos comics.

jueves, 4 de enero de 2018

JUEVES DE RECONTRACALOR

Menos mal que corre un vientito, porque si no, esto sería el Averno mismo. Vamos con unas reseñitas más, a ver hasta dónde llegamos…
Este librito editado en 2017 por Fog of War reúne las (no muchas) páginas de Crazy Jack realizadas por el maestro Rubén Meriggi en los primeros años de este milenio. Básicamente, son dos historietas: una de 32 páginas y una de 14. La primera historieta es de 2001, y debe ser la primera aparición de un personaje de Columba luego del cierre de la legendaria editorial. Acá tenemos unos bloques de texto muy logrados, un aporte del inmenso Eduardo Mazzitelli a la saga de Crazy Jack. Y además Meriggi dibuja en su estilo más lindo, más cercano a lo que hacía a principios de los ´90 en la Skorpio (que, para mi gusto, es lo mejor de su extensa trayectoria). Por supuesto que sus trabajos para Skorpio tenían más cuadros por página y una narrativa mucho más tradicional. Pero bueno, acá lo que me deja un sabor amargo no es un problema en el armado del relato gráfico, sino a nivel argumental. Ese es el punto débil de esta aventura del gigante de cabellos blancos: el conflicto, el villano, cómo está planteado y cómo se resuelve. Por suerte, entre los textos de Mazzitelli y los dibujos de Meriggi te la adornan bastante bien, como para que te enganches con la historia (o al menos lo intentes), aunque a la larga defraude bastante.
La segunda historia, en cambio, está escrita por Manuel Morini (o Gustavo Amézaga, como más te guste), co-creador del personaje junto a Meriggi. Esta vez no tenemos la prosa florida y certera de Mazzitelli, y el trazo de Meriggi se hace grueso, rudimentario, casi granguiñolesco. O sea que no hay con qué disfrazar un argumento realmente fallido… que si duraba unas cuantas páginas más quizás podría haber desarrollado un elemento no muy original pero bastante interesante (el cristal alucinógeno). Si te gusta el Meriggi más brutal, más Jack Kirby, puede ser que te cope. A mí, que me gusta el Meriggi más sutil, ese que coqueteaba con Moebius y Joe Kubert, esta segunda historieta no me convenció para nada. Creo que tengo otra aventura de Crazy Jack en una antología que me regalaron hace poco, así que en algún momento revisitaremos a este violento héroe del futuro.
Sexto recopilatorio del Daredevil de Mark Waid (el Vol.5 lo vimos un lejano 08/09/15) y esta vez me cagaron como de arriba de un puente. El TPB trae apenas TRES episodios de Daredevil, y el resto me lo rellenan con los dos episodios de Hulk en los que DD está como invitado… que los leí hace poquito, el 20/12/17. Hijos de puta, para leer comics de Hulk compro los TPBs de Hulk. Lo que le pasa a Daredevil en esos numeritos no es ni en pedo tan relevante como para incluirlos TAMBIEN en un TPB de Daredevil.
Por suerte los otros tres episodios son excelentes. En los dos primeros, Waid tira un pase mágico y saca de la galera a un personaje que tiene un rol minúsculo en el origen de Daredevil, pero al que ahora el demiurgo le pega una vuelta de tuerca interesantísima y lo convierte en un personaje que –sin ser exactamente un villano- le complica lindo la vida a nuestro abogado ciego favorito. Este arquito, además, cuenta con magníficos dibujos del siempre infra-valorado Javier Rodríguez. Y el otro episodio es apenas simpático, una excusa medio limada para que aparezca el Silver Surfer en New York e interactúe un toque con Daredevil después de las tres o cuatro patadas y piñas de rigor. Esto está dibujado por Chris Samnee, así que ´nuff said. Samnee garpa SIEMPRE.
Y también me bajé el Vol.3 de Aula a la Deriva, el clásico de principios de los ´70 del sensei Kazuo Umezu. Nada, ya sólo me queda cagarme de risa de las bizarreadas cada vez más extremas a las que recurre el autor para mantener siempre arriba la tensión. En este tomo no hay secuencias en las que se filtre un toquecito de comedia, no hay ni un leve subtexto que nos invite a reflexionar acerca de nada, es puro kilombo, de principio a fin. La violencia es cada vez más extrema, al punto de que ya causa gracia. El dibujo es un poquito desparejo pero muy digno, y el punto más alto sigue siendo el mismo de los tomos anteriores: el manejo apabullante de la narrativa, el armado de las secuencias y el control molecular del ritmo del relato. Umezu orquesta todas estas piruetas narrativas en función de poner nervioso al lector, de mantenerlo en estado de alerta permanente, de que no se relaje nunca, porque los chicos que protagonizan este manga no salen de una y ya están metidos hasta el cuello en otra.
El último tramo, el de la mamá de Sho en el “mundo real”, está tan exagerado, tan pasado de rosca, que si quedaba un ápice de verosímil de termina de desvanecer. Encima la edición española termina en cualquier lado, en una página que (me juego las bolas) en la edición ponja no marcaba el final de un capítulo y mucho menos de un tomo recopilatorio. Me queda sin leer el Vol.4, y después habrá que tomar la dura decisión de salir o no en busca de los Vol.5 y 6 para tener la saga completa.
Y no hay más. Volvemos en cualquier momento con nuevas reseñas. ¡Hasta pronto!

martes, 2 de enero de 2018

NOVENA TEMPORADA

Ocho años ya desde aquella primera entrada en el blog, qué lo parió. Una eternidad. Me imagino la cantidad de pibes y pibas que en 2010 no leían comics y hoy sí, a los que jamás se les ocurriría leer reseñas de comics en un blog… la cantidad de blogs que desaparecieron de 2010 para acá… no sé, siento que este espacio pertenece a un mundo que en buena medida no existe más. Pero no lo puedo abandonar, tampoco. Es más fuerte que yo…
Así que acá estamos, con todo listo para arrancar la novena temporada, con la promesa de intentar alcanzar las 120 reseñas en el año y con escasas chances de achicar el delay que tengo entre lo que sale y lo que leo. Un delay a esta altura bastante grosero, producto de mi compulsión por viajar a países donde los comics son muy baratos y traer valijas llenas de libros, con la consigna de “algún día los leeré”. Sin cancherear, debo tener cerca de 400 libros comprados, esperando su turno para ser leídos. Una obscenidad. Pero bueno, trataré de comprar menos este año… ¿Vamos con las reseñas?
El Diablo de los Siete Mares es un díptico (dos álbumes que forman una sóla historia) aparecidos entre 2008 y 2009 en Francia y publicados en 2013, en un único tomo, en España. Una clásica historia de piratas, a la que entré sin dudarlo atraído por las firmas del guionista Yves H. y su papá, el dibujante Hermann. ¿Clásica historia de piratas? Sí, un rato. Después Yves H. agrega un elemento sobrenatural, poco frecuente en las aventuras de corsarios y bucaneros, que son los zombies… o algo bastante similar. De alguna manera, personajes a los que vemos morir resultan estar no-muertos, y a la típica crueldad de los piratas se suma el horror de tener que enfrentarse a cadáveres reanimados en busca no tanto de tesoros como de venganza.
Hay tesoros, hay abordajes, hay náufragos en islas repletas de secretos, tabernas, cofres, galeones, mapas, motines a bordo… No falta nada. Bueno, sí. Yves H. se cuida de que no haya héroes. Hasta los personajes con los que uno más empatiza pisan el palito, se mandan cagadas, muestran los dobleces, coquetean con el lado oscuro. Ese velo de ambigüedad, sumado a una atención por el contexto socio-económico del sudeste de los EEUU en los turbulentos albores del Siglo XVIII, enriquecen notablemente la lectura y hacen que El Diablo de los Siete Mares no sea “una más de piratas mala leche”.
La obra transcurre a buen ritmo, pero la verdad que si en vez de durar 96 páginas se resumía todo en… 64 o 72, salíamos ganando. Lo inmensamente positivo es que son 96 páginas dibujadas por el maestro Hermann a un nivel extraordinario. Ya van muchas reseñas de obras del prolífico autor belga, y nunca me canso de babearme con su talento para el dibujo, el color, la composición de la viñeta, el armado de la secuencia… Este es otro de esos trabajos que lo ponen a Hermann allá arriba. Si lo ves por ahí, embarcate.
Me vengo a Argentina, a mediados de 2017, cuando se publica Fábulas en Viñetas, una antología con 27 historietas muy breves (casi todas tienen sólo dos páginas) en las que autores de varios países de Sudamérica reversionan las clásicas fábulas que todos leímos en la infancia. La única cagada es la estandarización, la regla inviolable de que todo se remate en dos páginas. Hay fábulas que requerían más espacio y otras que se podían liquidar en menos. Por suerte es la única regla rígida en el libro. Fuera de eso, los autores hacen gala de una sana libertad a la hora de adaptar los textos. Así tenemos versiones que se limitan a ponerle dibujos a las fábulas clásicas, otras que las subvierten por completo, otras que las modernizan, otras que ensayan un cambio de escenario y traen los relatos a la Buenos Aires actual… En los distintos juegos que proponen los distintos artistas está lo que hace a este libro atractivo para el lector de historietas.
Y en el listado de nombres que participan, por supuesto, que es francamente imponente. No puedo enumerarlos a todos, pero vamos a tratar de subrayar a los que aportaron las historietas que más me gustaron. Entre los dibujantes, la rompen Guillermo Hansz, Maco, Andrés Lozano, Tomás Gimbernat, César Carrizo, Nico Peruzzo, Juan Caminador, El Bruno, Pablo Colaso y Rodrigo Luján. Entre los guiones, me encantó el de Javi Hildebrandt. En cuanto a duplas, me sorprendió lo bien que funcionan la conjunción entre Rodolfo Santullo y Hurón y la de Alejandro Farías con Diego Greco (una de las que –sin dudas- merecía más páginas). Y entre los autores integrales, quiero destacar los trabajos de J.J. Rovella (como siempre, dando cátedra a la hora de narrar sin palabras), Joni B. y muy especialmente el de Nahuel Sagárnaga, que aportó la historia que más me gustó de las 27. Otra que me gustaría ver desarrollarse en cuatro páginas, en vez de dos, para hacerle justicia a la vuelta de tuerca que le encontró el salteño a la clásica historia de la tortuga y la liebre.
Se supone que Fábulas en Viñetas es un libro apuntado al público infantil, pero la verdad que lo pueden leer y disfrutar los grandes sin ningún inconveniente. Acá hay talento de sobra para conquistar a lectores de cualquier edad, sexo o condición social.
Gracias por bancar los trapos otro año y la seguimos pronto.

sábado, 30 de diciembre de 2017

ULTIMO POST DEL AÑO

Bueno, uno más, y no jodemos más.
Los Desampa-
rados es (hasta ahora) el último libro de Fabián Zalazar, esta vez volcado de lleno a la labor de narrar una historia de largo aliento, pero con la particularidad de que cada una de las 100 páginas está compuesta por dos tiras y siempre en la última viñeta de la segunda tira hay una especie de remate humorístico.
-Pará, pará, pará… ¿es una novela de 100 páginas, o son tiras cómicas? Es una novela, narrada en un tono de comedia costumbrista, en la que los protagonistas son todos varones que se juntan a jugar un fulbito, comer y tomar cerveza. O sea que se cagan de risa entre ellos, con gastadas, chistes y guarangadas varias, lo cual le aporta a la novela esa cuota de jolgorio y de humor. Sin embargo, cuando está por llegar a la página 30, Zalazar (que labura de autor Y de personaje) empieza a introducir de a poco elementos de misterio, para llevar la trama hacia otro lado, hacia una exploración por momentos dramática y conflictiva de este predio donde los muchachos se juntan a jugar. Este lugar de apariencia normal, convertido a lo largo de meses de fulbito y asado en un escenario donde Fabián y sus amigos juegan de local, se torna gradualmente un lugar extraño, ominoso, en el que pueden suceder cosas absolutamente imprevistas y difíciles de explicar desde el cinismo prosaico y la vulgaridad de los protagonistas.
Ahí está el atractivo central de Los Desamparados, en la forma en que Zalazar nos lleva por un laberinto de sucesos por lo menos anormales, sin irse nunca del registro costumbrista, sin abandonar esa compulsión por los chistes, los gastes, la ironía, la puteada, las pulsiones hiper-básicas que parecen definir (así, con brocha gruesa) a este grupo de amigos. Y quizás lo más flojo del libro sea que hay pocos matices para diferenciar a los protagonistas: casi todos los diálogos (en general muy ingeniosos) pueden ser dichos indistintamente por cualquiera de los ocho o diez personajes que integran el elenco. Cada retruque sarcástico de Fabián tiene, quizás un par de páginas después, un correlato muy similar, con un humor muy parecido, en otro de los integrantes del elenco.
El dibujo está muy bien y –por supuesto- después de tantos años trabajando en el formato de la tira, Zalazar tiene perfectamente internalizado el timing, el tempo narrativo para llevar cada secuencia hacia un remate gracioso, o para mantener la atención del lector viñeta a viñeta, aunque muchas veces sólo haya chabones conversando. El libro trae además varias páginas excluídas (con buen criterio) por el autor de la narración central, y un epílogo bien loser, que yo hubiese puesto inmediatamente después de la última página de la historia. Los Desamparados es mucho más que un fulbito con amigos, y si no te voltea el olor a huevo que despide, seguro te va a atrapar.
Y no hay más. Tengo más libros leídos, pero me los guardo para reseñar el año que viene. En este sencillo pero emotivo acto damos por cerrada la octava temporada del blog, en la que clavamos la nada despreciable suma de 103 posts, muy por encima de los 67 de 2016. Para la próxima, la meta será superar los 120. Yo creo que llego, pero habrá que ver cómo se arma el cronograma de viajes y eventos, que este año fue demoledor.
Como siempre, muchas gracias a los que leen el blog (ya estamos cerca de los DOS MILLONES de lecturas), a los que dejan sus comentarios, a los que comparten links en las redes, a los 534 seguidores, a los 2546 “megusteadores” de Facebook, a las editoriales y autores que me hacen llegar sus libros para que los reseñe, a las distribuidoras de cine que me invitan a las funciones de prensa y sobre todo a los historietistas, porque sin ellos no habría comics para leer. Nos reencontramos pronto para arrancar la novena temporada, en un 2018 que ojalá sea un buen año para todos.
Cierro con dos frases que uso tanto que ya parecen muletillas: Gracias totales, y vamos a volver.

jueves, 28 de diciembre de 2017

JUEVES AL ROJO VIVO

¡Qué lo parió el calor que hizo hoy! Un infierno. Bue, yo sigo acá, sumando para la estadística.
El Vol.3 de Lazarus, la serie de Greg Rucka y Michael Lark, es hasta ahora el mejor de la serie. Con el mundo en el que se mueven los personajes ya bastante bien definido en los dos tomos anteriores, Rucka se juega el todo por el todo en un arco extenso, pero sobre todo tenso. Acá tenemos una especie de final, que tardó 15 episodios en llegar, pero que por primera vez nos deja 100% satisfechos, onda “si no querés comprar más Lazarus, no la compres”. Obviamente hay plots que se siguen cocinando a fuego lento y que seguramente Rucka resolverá en tomos posteriores, más allá de que el arco conocido como Conclave ofrezca un cierre bastante claro a esta primera parte de la serie.
A lo largo de todo el tomo, el guionista suma intriga, sugiere cosas que pasan por detrás de la acción (básicamente, gente que habla, baila, garcha, juega a las cartas o entrena) y trabaja en la definición de los vínculos entre los personajes, que es lo que a la larga hace que nos importe lo que va a pasar al final con varios de ellos. Esto es lo mejor que tiene Lazarus: la bajada a vínculos humanos de un complejo entramado político-empresarial. Y si creés que un arco centrado en los vínculos entre esta elite rosquera no deja mucho lugar para las emociones fuertes, y ni hablar para la machaca, olvidate. Acá hay de todo, pero de todo posta. Emociones, revelaciones, incógnitas jodidas, traiciones abyectas y el mejor duelo con espadas de la historia del Noveno Arte. –Eeehhh! ¿No será mucho? –No, te juro que no.
Son 14 páginas dedicadas al combate a muerte entre Forever Carlyle (la protagonista de la serie) y su amiga (pero ahora contrincante) Sonja Bittner, perfectamente coreografiadas por Lark para mantenernos hipnotizados de punta a punta, con cada movimiento, cada contorsión, cada estocada de estas dos hermosas gladiadoras. Todo el laburo de Lark en el tomo es excelente, pero acá, como tiene que dibujar cosas que no se pueden chorear de fotos, pone el alma de verdad.
Y además, en este tomo de Lazarus, cuando todo gira en torno a este ajedrez a escala global entre Jakob Hock y Malcolm Carlyle, medio que a Rucka se le cae la careta. Ahora sí, se empieza a notar bastante que Lazarus es Checkmate!, pero fuera del Universo DC. El escenario y los personajes son otros, pero reaparece fuerte esa esencia, esa impronta que tan buen resultado le dio al ídolo. No sé cuándo le entraré al Vol.4, pero banco esta serie hasta el final.
Bueno, ahora sí, estoy en condiciones de afirmar que Kioskerman se volvió completamente loco. Tengo frente a mí un libro suyo por tercera vez (ver reseñas del 22/01/10 y 13/12/13), esta vez titulado El Amor Vendrá al Rescate, ya sin los personajes que venía desarrollando en Edén. No sólo Kioskerman se volvió loco: también enloquecieron sus editores de Sudamericana, que se proponen vendernos esto como si fuera historieta.
Ya habíamos visto varias tiras de Edén en las que el texto era una especie de haiku, o de frase sensiblera, fragmentada en cuatro viñetas y acompañada de dibujos que no siempre tenían que ver con las palabras. Bueno, ahora eso se potencia hasta el infinito. Son páginas y páginas, completamente inconexas entre sí, en las que leemos frases cortadas por cualquier lado, sin ningún criterio, repartidas entre varias viñetas (ya no corre la convención de que sean cuatro), junto a dibujos que no narran nada y que muchísimas veces no tienen un choto que ver con las palabras que aparecen en los bloques de texto o los globos de diálogo.
El Amor Vendrá al Rescate quiere ser historieta, pero no tiene secuencias, no hilvana nunca una narración gráfica. Para hacer una historieta poética primero hay que hacer una historieta y en este libro Kioskerman desaprende mucho de lo aprendido, pega un salto al vacío que no terminaré nunca de entender. Buenísimo el vuelo lírico de algunos textos, alucinante la introspección, el mensaje de amor y buena onda cuasi-new age, “soltar y florecer”… Todo muy copado pero, ¿no hay una historia que se pueda contar? No te digo un conflicto, ya sé que las historietas de Kioskerman no tienen conflicto, pero… algo, no sé, un cuentito, una fábula, algo que no se pueda confundir con un aforismo de José Narosky ilustrado…
Ah, y por si faltara algo, el dibujo no me gustó. Kioskerman se fue de esa línea prolija (y apenitas rígida) de su libro anterior, para recorrer distintos registro gráficos, donde mezcla color con blanco y negro, combina técnicas de dibujo y entintado, experimenta, sintetiza, prueba cosas locas… y rara vez acierta. Ese dibujo de la portada, en esa onda cuasi-Bryan Lee O´Malley, adentro del libro no la vas a ver. Adentro te espera un despelote visual que muchas veces coquetea con el mamarracho.
Quizás esto esté apuntado a otro tipo de lector, que no consume habitualmente historietas y que se engancha con la onda de “frases poéticas con dibujitos”. Ojalá ese lector exista y ojalá sean muchos, para que el libro se venda bien. Pero acá, donde evaluamos historietas, te tengo que decir que Kioskerman se cayó del mapa. Una pena.
Veremos si vuelvo antes del 31 con nuevas reseñas. Por las dudas, gracias totales y Feliz 2018 para todos. Atenti, que en cualquier momento largamos la novena temporada del blog...

martes, 26 de diciembre de 2017

RAREZAS DE MARTES

Cumplida la meta de los 100 posts en 2017, lo mío ya es sumar para la estadística.
Allá por 1994 se editó en España el álbum No Somos Nada, un recopilatorio dedicado al maestro rioplatense Tabaré, con un montón de historietas previamente publicadas en las revistas de Ediciones de la Urraca (Hum®, SexHum®, quizás SexHum® Ilustrado) y en una de esas también en El Jueves, el famoso semanario satírico de la Madre Patria. Conocía una sola de las 31 historietas del tomo (la de Eustaquio) porque creo que son de fines de los ´80, una época en la que yo ya consumía ni Hum® ni SexHum®. O sea que accedí a un montón de material que no conocía. Esto fue lo que más me llamó la atención:
1. Los españoles de El Jueves no tradujeron este material al español. Apenas reemplazaron algunos pesos por pesetas y todos los “coger” por “follar”. El resto, está todo en argentino. Los personajes se tratan de vos y usan palabras que en España no se conocen, como “guacha”, “turra”, “pija” y “pelotudo”. Me imagino que esta jerga les parecería graciosa… o en una de esas les daba paja re-rotular las historietas, andá a saber…
2. Varias de las historietas son apenas chistes largos, desarrollados en dos páginas, cuando se podrían rematar en una… o incluso en tres o cuatro viñetas. Unas cuantas mantienen intactas su comicidad, otras no, y otras no eran graciosas ni siquiera cuando se publicaron originalmente. Lo más notable es que este material atrasa mucho. No te digo que parecen sketches de Hugo o Gerardo Sofovich de los ´80, pero van más o menos para ese lado, si bien Tabaré se zarpa más con la temática sexual. Hoy, que estamos todos más sensibles con el tema de la cosificación de la mujer, la violencia de género y demás, muchas de estas historietas no se editarían en ningún medio. Obviamente también hay varias en las que los varones son los losers y las minas las pícaras, pero para los standards de hoy, es todo medio jurásico.
3. Qué bestia como dibuja Tabaré, qué genio, qué maravilla. Casi todas las historias del libro están planteadas en cuatro tiras, algunas con textos, otras mudas, con Tabaré tirando magia con sus pantomimas hiper-expresivas. Pero hay una, La Fiesta, resuelta en tres tiras, con viñetas más grandes y en otro estilo, sin manchas negras y con la línea como protagonista, y ahí te terminás de rendir ante el virtuosismo de este monstruo.
Creo que ninguna de las historietas de No Somos Nada se editó en libro en nuestro país, así que si sos hardcore fan de Tabaré, recomiendo buscar esta edición española.
Me voy a Perú, donde hace ya un par de años se editó Estética Unisex, segunda novela gráfica de Rodrigo La Hoz (la primera la vimos acá el 04/06/11). Si aquel trabajo me pareció extraño, imaginate este, que tiene el triple de extensión. De todos modos es una extensión tramposa, porque la historia está estiradísima y se nota todo el tiempo, el autor no intenta ocultarlo en ningún momento.
La trama secundaria, la de Alberto y su relación con los chongos a los que frecuenta, está ahí para aportar una cuota de humor bizarro, no le agrega mucho a la trama central, la del misterio de la desaparición de Socorro, la abuela perdida en Japón. Todo el tiempo La Hoz interrumpe el discurrir de esta trama central con escenas de diálogos en los que Gema (la protagonista fármacodependiente) habla boludeces con otros personajes… o directamente con secuencias oníricas, en las que el dibujo asume totalmente el protagonismo como si no hubiera nada para contar.
Narrativamente, esto es un kilombo. Un experimento demasiado intrincado, una jungla superpoblada de elementos por la que cuesta un huevo avanzar. Pero hay premio, porque el final es brillante. Y la travesía, si bien es ardua, se disfruta gracias al gran talento de La Hoz para los dialogos y el costumbrismo, y sobre todo gracias al dibujo, que es alucinante de punta a punta. Imaginate un Chris Ware oscuro, bizarro, sin llegar a Charles Burns, pero en esa senda. Eso te va a dar una idea de lo que hace La Hoz cuando se controla. Y cuando se descontrola, pela imágenes imposibles de explicar con palabras, un despliegue enfermizo de blancos y negros más enfiestados que contrastados.
Rodrigo La Hoz sigue siendo un marciano, un freak con muchos problemas psiquiátricos, pero sus trabajos en este campo no pierden atractivo en lo más mínimo. Veremos con qué nos sorprende cuando lance su tercera novela gráfica.
Y veremos también cuándo me hago un ratito para volver a postear reseñas, acá en el blog. Gracias y hasta pronto.

domingo, 24 de diciembre de 2017

ESSENTIAL DEFENDERS Vol.7

Estoy sumamente al pedo, así que aprovecho para clavar el post nº100 de este año, cumpliendo esa meta que me puse hace unos meses y que espero volver a superar también en 2018.
Este masacote de 528 páginas trae los nºs 126 al 139 de Defenders (o en realidad, New Defenders) y dos miniseries: la de Iceman, y Beauty and the Beast, co-protagonizada por Dazzler y el querido Hank McCoy, todo material originalmente publicado entre 1983 1984. ¿Cómo me animé a entrarle a una cosa así? A ver… 1) estaba muy barato, 2) trae muchos números escritos por J.M. DeMatteis y 3) Beast es mi ídolo desde que tengo memoria y acá tiene muchísimo protagonismo. 4) Tengo desarrollada una enorme tolerancia a los títulos tercerones de la Segunda Era de Oro de Marvel (1980-85). ¿Qué me encontré una vez que me sumergí en el libro? Ese es otro tema…
A partir del nºs 126, cuando Defenders pasa a ser New Defenders, DeMatteis (que ya llevaba varios años al frente de la serie) decide ajustarse a la fórmula más existosa de aquel entonces, la de los X-Men de Chris Claremont. Eso implica trabajar con personajes que NO tengan ni puedan tener serie propia, para laburar sobre todo la interacción entre ellos y el desarrollo de la caracterización. Así es como se saca de encima a Dr. Strange, Hulk, Namor y el Silver Surfer (la espina dorsal de los primeros 125 números de Defenders) para armar un rejunte que incluye a tres ex-X-Men (Beast, Iceman y Angel, mejores amigos casi desde la infancia), una militante de los Defenders casi de la Línea Fundadora (Valkyrie), un personaje de su propia creación (Gargoyle) y un personaje fascinante, enroscado, conflictivo, que abría puntas para todos lados (Moondragon). Con esos ingredientes, DeMatteis cocina seis números muy ricos, en los que las peleas con los villanos tienen mucho menos peso que la dinámica interna entre los héroes, y se va.
Lo reemplaza Peter B. Gillis, quien se quedará en la serie hasta que esta cierre en el nº152, en una línea muy fiel a la de DeMatteis, con el experimento de probar con historias más extensas, esparcidas a lo largo de varios números. Gillis además ofrece más desarrollo para personajes secundarios como Candy Southern (por entonces amigovia de Angel) y Cloud, un personaje casi de relleno creado por DeMatteis, a quien su sucesor le pega la bizarrísima vuelta de que sea varón y mujer al mismo tiempo… Sí, maestro, un transexual en 1984.
En cuanto a las miniseries… la de Iceman, se me hizo apenas pasable. Me pareció un argumento muy genérico, aplicable casi a cualquier otro superhéroe. Años más tarde (y en DC) veríamos a DeMatteis refinar muchísimo el oficio de darle chapa a un héroe segundón en una miniserie de cuatro numeritos. En la de Beauty and the Beast (escrita por Ann Nocenti) hay muchas cosas que suceden medio caprichosamente, pero –sin ser fundamental ni mucho menos- es interesante en cuanto a exploración de las personalidades de Hank y Alison, y por la bajada de línea acerca de la falsa cultura del éxito que reina en Hollywood.
El gran problema que tiene Beauty and the Beast es que, al igual que unos cuantos episodios de Defenders, cuenta con los dibujos de Don Perlin, un obrero del lápiz muy limitado, sin onda ni talento, un verdadero rústico. Dentro de todo, las tintas de Kim DeMulder (un capo que nos dejará sus mejores páginas cuando entinte a Phil Hester en Swamp Thing) esconden algo de la torpeza de Perlin y aportan ciertos climas, ciertos hallazgos en materia de iluminación, cierto atractivo en algunas expresiones faciales. La miniserie de Iceman y el resto de los números de Defenders están dibujados por Alan Kuppeberg, dueño de un lápiz sobrio, correcto, un tipo que nunca descolló no por choto, sino porque le tocó dibujar series regulares en la época en la que en las series regulares tenías todos los meses a asesinos seriales como Byrne, Pérez, Miller, Simonson, Sienkiewicz o Paul Smith. Ah, también hay un numerito en el que está Mike Zeck como dibujante invitado, lejos el más logrado a nivel visual.
Esto es más raro que bueno, pero si te gustaban los Outsiders en la etapa post-Batman, te tiene que gustar porque tiene un tono muy similar. A mí me enganchó lo suficiente como para ir por el Vol.6, todo escrito por DeMatteis, aunque estén los personajes de la formación “clásica” y dibuje todo el muerto de Don Perlin. Después, los números del 140 al 152 (que no están reeditados en blanco y negro) me interesan bastante menos... aunque nunca se sabe, viste cómo es esto...

sábado, 23 de diciembre de 2017

PAPONGAS DE SABADO

Llego tranquilísimo a la meta de clavar 100 posts en el blog a lo largo de 2017. Es más, creo que la voy a superar. Vamos con las reseñas de dos libritos que me bajé en estos días.
La Diosa Sumergida es una historieta perfecta. El maestro Miguel Calatayud entendió TODO y en 46 páginas logró lo imposible: presentar personajes con los que uno enseguida pega onda, plantear un conflicto, desarrollarlo y darle una resolución absolutamente satisfactoria. Por momentos, el argumento se parece tanto al de La Carta Esférica (la gran novela de Arturo Pérez-Reverte) que por un momento temí que terminara igual. Pero no. Más allá de las similitudes en el argumento, Calatayud le da a su historia un ritmo y una impronta propias, con las que logra transmitirnos una sensación maravillosa: la de que todo es una especie de joda, que si bien hay peligros, villanos y esas cosas que tienen las buenas aventuras, La Diosa Sumergida es –ante todo- un divertimento. Lo mejor de todo es que Calatayud no recurre a esa pátina de ironía para cubrir falencias en el guión. El guión es un mecanismo de relojería infalible, inapelable. Y ese dejo irónico pasa a ser un plus, un guiño al que se sabe de memoria las convenciones del género con las que el maestro valenciano condimenta el relato.
El dibujo y el color están en un nivel tan fuera de escala que no se me ocurre cómo hablar de ellos. Podría balbucear, en una de esas, pero no sería justo. Los amigos de Dib-buks tiuvieron además el acierto de publicar esto en un tamaño grande, o sea que el lucimiento de cada viñeta está garantizado. Creo que lo más notable de la faz gráfica de La Diosa Sumergida es cómo Calatayud estiliza todo, impregna todo (hasta el rotulado) de una impronta visual muy personal, muy fuerte, muy idiosincrática, sin que esto empantane en lo más mínimo el fluir del relato. Obvio que te colgás a admirar el virtuosismo extremo en el dibujo y el color… pero de algún modo la historia te mantiene enganchado. La composición de las viñetas, la ubicación de los globos, el armado de las secuencias, todo está controlado por el autor para que en ningún momento te desconectes de la narración. Y una vez que llegás al final, sí, se complica resistir el impulso de recorrer de nuevo las páginas del libro, esta vez concentrados en apreciar a pleno la magia visual de Calatayud. Genialidad pura de la mano de un prócer del Noveno Arte del que injustamente se habla poco en nuestro país.
Hablando de nuestro país, este año el sello cordobés Buen Gusto publicó Hellhound on My Trail, nuevo trabajo del imparable Hernán González, esta vez en equipo con el guionista Juan Bertazzi. Sí, tal como lo sospechás, Hellhound on My Trail narra por enésima vez la fascinante historia de Robert Johnson, el músico de blues que pactó con el Diablo en aquella encrucijada en un intento por torcer su destino. De nuevo esa historia que ya leímos chotocientas veces… pero ahora contada de un modo distinto.
En apenas 52 páginas, Bertazzi y González logran dotar a la trama de un intersante trasfondo histórico y social, le dan bastante bola a una historia de amor (teñida de trampa y condenada al fracaso) y hasta se permiten dedicarle algunas páginas a reproducir fragmentos de las letras de Johnson, acompañadas de magníficos dibujos de González. Lo mejor que hace el guión quizás sea animarse a darle profundidad al protagonista, mostrarnos a Johnson como una persona 100% real, tridimensional. Más allá de cualquier rigor documental que pueda tener Hellhound on My Trail, queda muy claro que lo que estamos viendo son apenas un puñado de anécdotas en la vida de una persona posta, con una complejidad genuina, que excede los momentos dramáticos que todo guión debe ofrecernos para que nos enganchemos con el relato, e incluso al elemento fantástico (el pacto con el Diablo) que funciona como punto de inflexión de la trama.
Y lo que realmente hace única e irrepetible a Hellhound on My Trail es el dibujo de González, su manejo alucinado y virtuoso del blanco y negro extremo, con ese nivel de expresionismo al que nos acostumbró José Muñoz, combinado con esa puesta en página ágil, versátil, con gran variedad de planos y ángulos, ese trazo denso, oscuro, ideal para generar climas espesos y agobiantes como los que propone Bertazzi en varios pasajes del guión. La verdad es que la conjunción entre tema y autores funciona muy bien y convierte a este librito en una obra realmente recomendable, de especial interés para los fans del blues y para los seguidores de este autor de asombroso talento llamado Hernán González.
Vuelvo pronto con más reseñas. A los que festejan Navidad y esas cosas, les deseo Felices Fiestas. Al resto, aprovechen el finde largo para leer comics. Tante grazie.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

RESEÑAS DE MIERCOLES

Aprovecho un rato libre para reseñar un par de libros más que tengo leídos.
Entre 2010 y 2011 el maestro Oscar Grillo (argentino radicado hace muchísimos años en Inglaterra) adaptó al comic El Poeta Asesinado, de Guillaume Apollinaire y lo convirtió en una novela gráfica de unas 140 páginas que se editó en Francia, en el Reino Unido y este año en nuestro país.
Esto es un delirio absoluto. Apollinaire era un genio, o estaba loco, o las dos cosas. En esta obra (que data de 1916) se propuso –digo yo, no me consta- ridiculizar al ámbito artístico e intelectual parisino. Por su páginas desfilan dramaturgos, poetas, pintores y críticos de arte y –con la excepción de Pablo Picasso- ninguno sale bien parado. El tono de la obra es claramente farsesco, por momentos desopilante, como si fuera un sketch de Cha-Cha-Cha. Pero el nivel de la sátira y el hecho de que el dibujo de Grillo ofrezca resemblanzas entre los personajes de la historieta y personajes de la realidad, le agrega un filo más cercano al de las parodias de MAD.
Grillo conserva pasajes del texto en los que Apollinaire en vez de narrar baja línea, o ironiza acerca de cómo se escriben las obras de teatro exitosas, o cómo las mujeres de esa época se vinculaban con el fenómeno naciente de la moda. Acá, ya más que MAD parece Tía Vicenta. Esas interrupciones en el relato hacen mucho ruido, al igual que algunos volantazos muy extremos de la trama y algunas viñetas en las que los personajes se mandan extensos soliloquios, contenidos en globos o bloques de texto enormes, que le disputan el protagonismo a los dibujos de Grillo.
Y ahí está la pulenta. Visualmente esto es una exquisitez, un lujo por donde se lo mire. Grillo trabajó muchos años en el campo de la animación y se le nota el trazo suelto, hiper-plástico, hiper-expresivo, una especie de Carlos Nine más contenido, más concentrado en que (como en la animación) los personajes se vean idénticos de una viñeta a otra. ¿Te gusta Juan Sáenz Valiente? Bueno, mirá a Grillo y vas a ver de dónde aprende Juan. Como Grillo también es un genio, está loco, o las dos cosas, prueba variantes en la línea, no dibuja siempre igual. A veces es más sutil, a veces más grotesco. Así como en un momento me recordó a Nine, en otros me recordó a Kyle Baker, en otros a Landrú, en otros a los dibujos animados de Mr. Magoo… Un kilombo alucinante, digno de un elemental del lápiz, de esos dibujantes absolutos como Oscar Grillo.
Hora de entrarle al Vol.2 de Indestructible Hulk y recomiendo repasar la reseña del Vol.1, aparecida un ya lejano 26/06/15. Es un tomo medio ladri, porque te recopila cinco episodios de la serie y 22 páginas de bocetos. Dejame de joder, no necesito 22 páginas de bocetos. Poneme un episodio más, o publicá el libro con menos páginas y cobrámelo más barato.
Okey, los bocetos son de Walt Simonson y Mateo Scalera, a quienes vimos dejar la vida en las historietas del tomo. Scalera más sintético, más pendiente de la magia que le ponen encima los coloristas, sólido pero lejos de las maravillas que le vimos en Black Science. Y Simonson, al revés. Comprometidísimo, decidido a no dejar ni el menor detalle librado al azar, con un montón de viñetas y unas cuantas páginas perfectas, al nivel de sus mejores trabajos. Digo “al revés” no porque Simonson sea bueno y Scalera malo, sino porque en las páginas de Simonson, los coloristas se tienen que esforzar para aportar algo que el dibujo no haya aportado… y se les complica, porque Simonson pone todo. Los climas, la épica, los truquitos narrativos, los estallidos de líneas cinéticas… Una aplanadora.
¿Y qué onda los guiones? Los tres numeritos con Thor en Jotunheim están estiradísimos y son una mera excusa para que Simonson vuelva a dibujar al personaje con el que se consagró. Pero un habilidoso del guión como Mark Waid nunca retacea momentos interesantes, ya sea en algún diálogo ingenioso o en algún giro imprevisto para algún personaje secundario. Y los dos episodios con Daredevil le sirven a Waid para explorar la relación entre los dos personajes que tenía en ese momento a su cargo, unidos en una aventura argumentalmente muy menor, donde el conflicto es –de nuevo- una excusa chiquita y casi boluda para ver a Hulk y Daredevil luchando juntos. Evidentemente, el atractivo no pasa por la pelea con los villanos, sino por la interacción entre los buenos. Creo que tengo un tomo más de Indestructible Hulk, pero no me acuerdo si es el Vol.3 o el Vol.4. La verdad que si me falta el 3, en una de esas sigo adelante y eventualemente la completaré. Tampoco me quita el sueño. De hecho, lo que vendría a ser el Vol.5 ya lo leí (ver reseña del 26/05/16).
Y hasta acá llegamos. Tengo más libros leídos, así que vuelvo pronto con más reseñas. ¡Nos vemos!